¿los videojuegos hacen violentos a las personas?
Durante muchos años, los medios de comunicación han alimentado el rumor de que los videojuegos de temática violenta representa un factor de riesgo muy importante en el desarrollo de conductas, de la misma índole, en los jóvenes.
Incluso durante un tiempo, se hizo alusión a que los juegos de rol eran herramientas muy peligrosas debido a que sus jugadores podían llegar a creer real el personaje que encarnaban.
Allá por la primavera del año 2000, un joven de 16 años asesinó brutalmente a sus padres y a su hermana de nueve años con una katana y, después de sus actos, fue nombrado como "El asesino de la katana". Pese a la gravedad del crimen, lo que lo hizo tremendamente mediático fue el hecho de que, durante tiempo, los medios de comunicación aseguraban que el asesino había cometido sus actos ya que estaba fuertemente influenciado por Squall, protagonista del videojuego Final Fantasy VIII, lo cual llevó a mucha gente a estigmatizar los videojuegos y los juegos de rol.
Este artículo no se centrará en cómo los medios de comunicación tergiversan la información o en la reactancia que muestra la sociedad ante el cambio tecnológico que han conllevado los videojuegos. El texto se centra en averiguar la verdad detrás del binomio violencia-videojuegos con el fin de despojarnos de prejuicios sociales y mostrar la verdadera correlación.

La realidad de las consecuencias de los videojuegos violentos
La realidad del asunto en la actualidad, es incierta debido a la falta de estudios al respecto. Sin embargo, las evidencias respaldan mayoritariamente que los videojuegos no son culpables de producir conductas violentas en sus jugadores, más allá de lo que una película violenta o una novela negra pueden producir.
Lo cierto es, que con el paso de los años, la cantidad de videojuegos de contenido violento ha ido en aumento, así como lo explícito y el realismo de los mismos. Pero más cierto es aún que el nivel de violencia entre los jóvenes ha ido reduciéndose considerablemente, a su vez (C. J. Ferguson, 2010). Pese a este argumento, que para muchos sería altamente esclarecedor sobre la realidad de la implicación de los videojuegos en la violencia juvenil, existen autores que se esfuerzan en demostrar lo contrario, como es el caso de Anderson (2004), que publicó una revisión de varios artículos en la cual concluyó que a medida que se realizan más estudios en relación a la violencia y los videojuegos, más clara se ve la relación entre ellos.
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